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Hoy en día, muchas denominaciones tienen amplias creencias sobre la inmortalidad del alma. Sean religiosos o no, la contemplación acerca del alma se ha venido considerando durante mucho tiempo. La gente ha establecido la doctrina de la inmortalidad del alma mediante varias teorías, las cuales integra con la religión. Sin embargo, estas alegaciones no provienen de un fundamento bíblico, sino que son teorías únicamente creadas por filósofos medievales o eruditos religiosos. Examinemos la diferencia entre la perspectiva bíblica sobre el alma y la doctrina de la inmortalidad del alma.

La doctrina de la inmortalidad del alma

① Fundamento
Platón (427-347 a. C.), el filósofo griego, heredó la doctrina de la inmortalidad del alma de su maestro Sócrates (469-399 a. C.), y sistematizó la teoría del dualismo de la mente y el cuerpo. Se ha dicho que Sócrates solidificó firmemente la idea de la inmortalidad del alma después de viajar a Egipto. No es de extrañar por qué llegó a tal conclusión, pues los egipcios preservaban los cadáveres en estado de momias. Esta famosa preservación era una provisión supuestamente para el tiempo en que las almas retornaran, lo cual reafirma que la idea de la inmortalidad del alma proviene de la religión de los antiguos egipcios.

El dualismo del cuerpo y el alma es una teoría que expone que la mente (el alma) y el cuerpo están separados, y el alma continúa existiendo después de la muerte física. Con el fundamento de esta teoría, el punto principal de la inmortalidad del alma es que esta no perece sino que existe para siempre. Quienes sostienen y están de acuerdo con la inmortalidad del alma, aseguran que la expresión bíblica “vida eterna” apoya esta teoría. La vida eterna es una promesa hecha por Dios a su pueblo, a nosotros. Es por esta razón que alegan que las almas no pueden morir sin importar en qué condición estén, y que existen eternamente.

Con respecto al dualismo de mente y cuerpo de Platón, dice:

Un alma que no está separada apropiadamente del cuerpo podría convertirse en un fantasma y desear ansiosamente regresar a su cuerpo. Sin embargo, el alma de los filósofos (considerada un alma pía) morará libremente en los cielos. En el “Argumento de la afinidad”, Platón considera el alma y el cuerpo de manera diferente en dos categorías opuestas. Él considera y afirma que las personas no necesitan temer a la muerte porque solo el cuerpo perecerá y no el “interior”. Con esta alegación, surgen preguntas como qué cuenta como “yo”. Nuestros pensamientos e ideas están formados e inspirados por lo que vemos, escuchamos y sentimos, y estos sentidos están conectados con nuestro cuerpo que no puede sobrevivir a la muerte. Algunos podrían preguntarse si nos es posible escapar de ella. Identificar el yo que creemos tener, con el yo de la inteligencia.

(Plato (SparkNotes Philosophy Guide) [NOOK Book] SparkNotes Editors)

Según lo mencionado anteriormente, la idea de Platón se impuso al judaísmo cerca del siglo i, por el filósofo judío Filón de Alejandría (20 a. C. – 50 d. C.)

Posteriormente, Orígenes (184-254 d. C.), que sirvió como el rector del Seminario de Alejandría, impuso el “neoplatonismo”, insistiendo en que su alma era inmortal. Él escribió en Sobre los Principios de Orígenes: “El alma, teniendo un sustancia y una vida propia, después de su partida de este mundo, debe ser recompensada según sus obras, siendo destinada a obtener o bien una herencia de vida eterna y bienaventuranza, si sus acciones procuraron esto, o bien ser echada al fuego eterno y al castigo, si la culpa de sus crímenes es merecedora de esto”. (Ante-Nicene Fathers, vol. 4, p. 240, 1995)

Tertuliano (160-230 d. C.) insistió en la doctrina del castigo eterno, que escribió en De Spectaculis: “Cómo admirar, cómo reír, cómo regocijarse, cómo ser exultante cuando contemplo a tantos monarcas orgullosos y dioses imaginarios, que gimen en el abismo más bajo de las tinieblas; a tantos magistrados, que persiguieron el nombre del Señor, en la licuefacción de los incendios más voraces que alguna vez encendieron contra los cristianos”. (De Spectaculis, cap. xxx)

En el siglo v, según Agustín (354-430 d. C.), estas dos doctrinas: la inmortalidad del alma y el castigo eterno, recibieron el firme apoyo de las iglesias. En el siglo xiii, estas doctrinas finalmente se sistematizaron como la doctrina católica creada por Tomás de Aquino (1225-1274 d. C.). La Divina Comedia, escrita por el poeta Dante Alighieri, es una epopeya que presenta el infierno, el purgatorio y el paraíso, que se escribió en base a la doctrina de la inmortalidad del alma.

La inmortalidad del alma fue una doctrina de la ideología filosófica pagana, que no existía en la Biblia, y se convirtió en la raíz del cristianismo. En 1513, el papa León X emitió una bula papal llamada Apostolici Regiminis en el V Concilio de Letrán, para considerar herejes a todos los que negaran dicha doctrina.

② Grupos religiosos
La “inmortalidad del alma” es la doctrina central de todas las iglesias cristianas, no solo de la Iglesia Católica. Es por eso que los cristianos consideran herejes a todos los grupos religiosos que niegan esta doctrina.

③ Conclusión
La teoría de la inmortalidad del alma se formuló cuando se introdujeron al cristianismo otras ideologías filosóficas paganas. Cuando se inició la reforma religiosa en 1517, Juan Calvino, teólogo francés (1509-1564), se opuso a esta doctrina. Anterior a esto, Juan Wiclef (1330-1384), profesor de la Universidad de Oxford de Reino Unido, Martín Lutero (1483-1546), y muchos otros reformadores, señalaron que la doctrina de la “inmortalidad del alma” de la iglesia medieval, era una idea pagana.

William Tyndale, erudito y reformista (1494-1536), aclaró esto en su libro An Answer to Sir Thomas More’s Dialogue, volumen 4, capítulo 2:
“Y me maravillo de que Pablo no haya consolado a los tesalonicenses con esta doctrina, si la hubiera conocido, de que las almas de sus muertos estarían con regocijo; tal como hizo con la resurrección, de que sus muertos debían resucitar. Si las almas están en el cielo, con gran gloria como los ángeles, según tu doctrina, muéstrame para qué sirve la resurrección.” (An Answer to Sir Thomas More’s Dialogue, p. 118 [1850])

Punto de vista bíblico

① Fundamento
La Biblia no testifica la inmortalidad del alma, sino la extinción del alma.

Ezequiel 18:4, Santa Biblia versión Reina Valera 1960 “He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá.”

Mateo 10:28, Santa Biblia versión Reina Valera 1960 “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.”

Apocalipsis 20:13-14, Santa Biblia versión Reina Valera 1960 “Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda.”

La Biblia define con gran detalle la extinción del alma, la segunda muerte, que se aplica a las almas que han pecado. Además, para ser perdonados de la segunda muerte, las Escrituras instan a los lectores a mantener la vida de su alma guardando los mandamientos de Dios durante el lapso de su vida.

② Grupos religiosos
Los principales grupos religiosos que niegan la inmortalidad del alma son los Testigos de Jehová, la Iglesia Adventista del Séptimo Día y la Iglesia de Dios Sociedad Misionera Mundial. La extinción del alma que creen los Testigos de Jehová fundamenta que cuando una persona muere, su cuerpo se extingue junto con su alma. Sin embargo, la Biblia testifica que el alma “será juzgada según sus obras” (Ap. 20:13-14). La Iglesia Adventista del Séptimo Día insiste en la doctrina del “sueño del alma”, lo cual significa que el alma no se extingue sino que duerme. Esta teoría está más relacionada con la inmortalidad del alma. El único grupo religioso que cree en la existencia del alma conforme a la Biblia, y tiene el entendimiento completo sobre la extinción del alma que pecare, y lo sigue, es la Iglesia de Dios Sociedad Misionera Mundial.

③ Conclusión
La palabra herejía, 異端 en caracteres chinos, significa literalmente “el final es diferente”. El inicio es similar pero el final es diferente. Pensando en su significado, en efecto la doctrina de la inmortalidad del alma pertenece a la “herejía”. “El alma existe cuando deja el cuerpo”, que es la raíz y el tronco de la doctrina de la inmortalidad del alma, es evidentemente la enseñanza de la Biblia; pero la inmortalidad del alma no existe en la Biblia. La Biblia testifica claramente que el alma que pecare, morirá.

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