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HR Park,  Japón


Para mí, que solo creía en lo que veía, la existencia de Dios era simplemente un objeto de fe solo para los débiles que no tenían en quien confiar en este mundo. Aunque había recibido a Dios por medio de mi tía que vivía en Corea, cuando regresé a Japón, viví igual que antes, olvidando a Dios.

Fue el amor de los hermanos y hermanas de Sion lo que me ayudó a entender completamente la verdad. Visitaba a mi tía en Corea una vez al año, y cuando la visitaba, siempre me llevaba a Sion. Los hermanos y hermanas de Sion me daban una cálida bienvenida como si un miembro perdido hubiera regresado a casa. A veces me preguntaba por qué eran tan amables conmigo, probablemente porque estaba acostumbrado a la cultura de otro país. Sin embargo, gracias a su sincero amor, mis ojos espirituales empezaron a abrirse gradualmente.

La primavera pasada, visité Corea durante mis feriados y estudié la Biblia en Sion. Cuando regresé a Japón después de recibir abundante amor de los hermanos y hermanas de Corea, me sentía triste y solo porque no había Sion en mi área. Extrañaba mucho los momentos cuando cantaba en voz alta los cánticos nuevos con los miembros de Corea. Incluso tenía temor de mi fe, que aún era débil, y que podría disminuir si permanecía solo. Sin embargo, Dios no me dejó solo, sino que envió un equipo misionero de corto plazo a Nagoya.

Para mí, los miembros del equipo misionero eran ángeles enviados por la Madre. Ya que predicaba el evangelio por primera vez junto con ellos, mi fe se fortaleció un poco más. Después, recibí la oportunidad de unirme al grupo de visita del extranjero. La Madre nos abrazó cálidamente, y dijo: “¡Bienvenidos, miembros de nuestra familia de Japón!”

Durante diez días, aprendí las palabras de Dios mientras recibía el abundante amor de la Madre en su regazo. Incluso nos dio algunos suplementos nutricionales, preocupada de que pudiéramos estar cansados debido al agitado itinerario. Cuando vi a la Madre cuidando de cada detalle de sus hijos, pude comprender qué clase de amor era el que los hermanos y hermanas de Sion me mostraron.

Cuando regresé después de recibir las grandes bendiciones del Espíritu Santo en Corea, no podía quedarme callado. Quería predicar rápidamente el amor del Padre y la Madre en Nagoya. La Madre pronto me concedió mucha más bendición, a fin de que tuviera un deseo más grande; ella estableció Sion en Nagoya un mes después que visité Corea.

“¿Cómo puedo retribuir la gracia de Dios? ¿Qué debo hacer?”

Lo único que debía hacer para retribuir la gracia de Dios era encontrar a los miembros perdidos de mi familia celestial; ese es el propósito de la venida de Dios a esta tierra. El primer día que salí a predicar, se me concedió un hermoso fruto. Él es el hermano Ogura. Sorprendido por la verdad de la pascua a través de la cual el pueblo de Dios puede ser salvo de los desastres, renació inmediatamente como hijo de Dios. Aunque le tomaba dos horas llegar a su casa desde su trabajo, estudiaba la Biblia todos los días después de trabajar, conociendo la dulce miel de la palabra de Dios, y asistía a todos los cultos. Ahora sueña con visitar Corea.

“¿Por qué Dios me ha dado esta gran misión del evangelio a mí, que soy imperfecto en muchos aspectos, entre 6.9 millones de personas en el mundo?”

Esto es lo que ocasionalmente viene a mi mente. Las bendiciones que recibí de Dios son grandiosas. Estoy agradecido por todo: por la oportunidad de salir del camino de la muerte eterna y tener el perdón de pecados, por la bendición de la vida eterna como resultado de recibir a Dios, por la misión de salvar almas, y por mucho más. Dios me ha llamado para guiar a muchas almas al arrepentimiento y para regresar juntos a nuestro hogar celestial. Sin olvidar esto, estaré unido con mis hermanos y hermanas y mostraré la gloria de Dios Elohim, para poder brillar como una estrella del cielo eternamente.

Legitimidad de la Iglesia de Dios
El árbol de la vida y la Pascua, y Cristo en su segunda venida